La vendimia

 

Granada, 14 de Noviembre de 2.003

 

 

            Cuando la agricultura tradicional desaparece, o no se practica por su poco rendimiento y ser económicamente negativa, resulta esperanzador ver como en determinadas zonas de muestra provincia aún se conservan los sistemas tradicionales de la agricultura, así como la elaboración de sus productos.

            Hace unos días pasé un fin de semana con una familia que como hacían a mediados del pasado siglo en determinadas fechas del año reúne a todos sus miembros para los trabajos que de toda la vida han realizado de forma conjunta, como son la matanza, la trilla y en este caso la vendimia y el pisado de la uva.

            Ésta algarabía de gente (niños, hombres, mujeres) que de forma espontánea casi se coordina dedicándose cada uno a sus quehaceres de pueblo, niños que manejan herramientas y se entretienen con juegos casi olvidados, mujeres que elaboran jabón casero, dulces típicos y comidas tradicionales, y hombres que se dedican en esta ocasión a la corta de la uva, el acarreo y pisarla.

            Estamos en la que puede ser la viña más alta de Europa, cuando menos puede competir por el título nacional (1.300 m.), los hombres y algunas mujeres se dedican a recoger el premio de un año de trabajo y cuidado de este trozo de tierra, cuyo fruto va a formar parte del hogar familiar hasta el consumo de su última gota de esencia. El transporte hasta el lagar es lo único que ya mecanizado se realiza con vehículo y remolque.

            Ya en él nos concentramos en pisar todos y cada uno de los granos, evitándose de este modo que se partan las semillas o se machaque el gajo, con el consiguiente perjuicio para la calidad del mosto, los niños disfrutan viendo como sale el turbio caldo que discurre por el suelo siguiendo la inclinación  de éste hasta salir del cercado donde están concentrados los racimos.

            Desde la tinaja se eleva a mano el vino hasta los toneles de fermentación donde permanecerán durante el tiempo necesario para posteriormente cambiarlo a las barricas de roble, desde donde se irá consumiendo durante el año.-

Como dice el refrán (Llegando San Andrés mata el cerdo y abre el tonel), así que en estas fecha habrá que probar el vino y buscar otro quehacer tradicional para juntar la familia.-

            Los hijos de Alfonso en Pampaneira son profesionales en estos trabajos, a demás de la viña conservan las tradiciones que su padre les enseñó para conseguir un buen mosto, el único ingrediente que se le añade a este vino es el de la paciencia, si el año es malo y la uva no es de la calidad deseada no hay forma de mejorar el vino, José Alfonso el nieto a sus diecisiete años ya es un experto en estos quehaceres habiendo heredado la sabiduría de su abuelo.-

            Este año parece que la uva es buena, esperemos que  el vino sea también bueno y podamos probarlo, lo mismo les deseo a lo afortunados que visiten Pampaneira. Y Animo a los alpujarreños a mantener todas las tradiciones y a pasárselas a sus hijos y nietos, es la mejor forma de no perder muestra identidad y conservar nuestras raices. -

 

Grupo de amigos “El Pingurucho”

Salvador Cifuentes Lara

Juviles (Granada)